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Publicado: 30/05/2010
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Fuente: Clarín Turismo

En estos meses, la vida de playa da lugar a actividades como pesca embarcada, vuelos en aeroplano y paseos en cuatriciclo.

Miramar tiene un atributo extraño, bastante singular. Posee la curiosa cualidad de ofrecer al turista la posibilidad de ser marinero, piloto de avión, conductor de cuatriciclo, buzo, jinete o golfista. Un lugar donde se puede dejar de ser, al menos por un rato, estrictamente una persona común.

La travesía comienza bien temprano, a las 7.30 de la mañana, en el embarcadero de Prefectura. Allí nos espera Oscar Grau, un talentoso pescador, muy reconocido en Miramar. En un bote muy completo nos embarcamos ocho kilómetros mar adentro. Cuando llegamos al lugar indicado, uno de los marineros echa el ancla al mar y comienza el momento de pescar. Hay besugos y corvinas por doquier y en cuestión de minutos el balde parece estar a punto de rebalsar.
Luego de almorzar nos dirigimos hacia “Chapu Aventura”, donde nos subimos a los cuatriciclos. Tras unos minutos de recorrido, ingresamos en el Vivero Dunícula Florentino Ameghino, una de las joyas de Miramar. Bosque, dunas, playa, cascadas y paisajes increíbles nos pasan frente a los ojos mientras marchamos a toda velocidad, comandados por el “Chapu” Gómez, una gloria miramarense. Vamos atravesando colinas empinadas y bajadas muy marcadas, y en poco más de una hora y media recorremos buena parte de las 500 hectáreas de árboles y playa que componen el vivero.

Pura adrenalina

Una sensación de adrenalina notable, no te pasaba por la cabeza nunca la idea de bajarte del cuatriciclo. Llegamos al bosque energético, donde cientos de personas practican yoga y meditación, en este espacio que según varios científicos “tiene una energía especial”. El recorrido termina en la Cascada del arroyo de la Ballenera. El momento de la vuelta fue tan intenso como la ida, otra hora y media de velocidad, destreza y maniobras. Una experiencia de lujo.
Tras descansar merecidamente luego de una jornada muy intensa, nos despertamos sabiendo que era el día de domar las olas playeras de este destino. Nos encontramos con Agustín y Matías Bollini en la academia de surf LB. Allí nos proporcionaron los ajustados trajes de neopreno. Luego de luchar con esta vestimenta indispensable para pasar un rato en el mar, comenzaron a dictar las clases. Agustín Bollini es un destacado surfista de estas tierras. Se encuentra ubicado entre los primeros cinco del ranking argentino y esa experiencia se vislumbra rápidamente en el trato. Cuesta mucho, pero, tras 45 minutos de lucha, uno se puede parar en la tabla. Hemos surfeado.

Desde el aire

Al comenzar la tarde nos acercamos al aeroclub Miramar. Tras una cálida bienvenida otorgada por José Galante y Federico Meaca nos preparamos para subir a un planeador biplaza Schweiser. Después de ser remolcados por un Cessna c182, empezamos a planear. O a volar. La sensación es conmovedora y única: no hay motor ni tecnología de primera línea que valga, el arte florecía de la mano de Federico Meaca, un piloto excelente. Una experiencia fascinante que se puede realizar por 80 pesos. No hay palabras para describirla, sólo es comparable con el vuelo de los pájaros. Miramar es una zona ideal para este tipo de vuelos por las grandes corrientes térmicas que se forman en los campos de alrededor.
En lo que respecta a la gastronomía Miramar ofrece una variedad increíble. Como dicen los miramarenses, hay tantos restaurantes como habitantes. Se puede comer todo tipo de pescados (especialidad del destino) o un buen asado. Un lugar muy recomendable es el espacio gastronómico del chef “Nanni” Cotado. Una delicia son los ravioles verdes fritos de la casa, buena muestra de las curiosas recetas, nada convencionales, que ofrece el restaurante.

La oferta nocturna también es destacable ya que en esta ciudad viven alrededor de veinte mil personas y muchas de ellas son jóvenes. La mayor parte de los bares, cafés y restó-bar se encuentran cerca de la peatonal.Mezcal-bar y La Tasca son dos hitos insoslayables del recorrido: buenos precios, buena música y gente divertida. Cuando llega el final del viaje confirmamos la sospecha de que Miramar es mucho más que un destino veraniego. En pleno otoño, la naturaleza, la vitalidad de sus habitantes y las opciones de aventuras invitan a emprender el viaje hacia la costa.

Fuente: Clarín Turismo
http://www.clarin.com/viajes/Miramar_0_271173048.html


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