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Publicado: 19/12/2012
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Saliendo desde la capital de Catamarca hacia la Cordillera, es una hermosa travesía en un territorio poco explorado, entre pintorescos pueblitos, desiertos, aguas termales, grandes salares, y altas montañas.

En un recorrido de 516 kilómetros por el noroeste de la provincia de Catamarca, donde están Los seismiles, las míticas montañas que superan los 6.000 metros de altura.

En el límite de la Ruta de los Volcanes, podemos ver un cartel que indica que estamos en el Paso San Francisco, límite con la frontera con Chile. Allí donde se encuentran los 19 volcanes que fueron venerados por las culturas andinas.

Los antiguos habitantes de la zona llamaban a estas elevaciones como “Apus”, eran la morada de espíritus protectores a quienes ofrecían sacrificios y ofrendas.

Hoy en día, llegan andinistas de todo el mundo para explorar este “santuario de altura”. También se pueden conocer estos escenarios casi vírgenes en vehículo 4x4, con un guía local.

La travesía comienza en San Fernando del Valle de Catamarca, donde dan todas las recomendaciones para no sufrir mareos y dolores de cabeza, producto del “mal de altura”.

El camino comienza por la Ruta Nacional 60 hacia el oeste, hasta llegar al Paso San Francisco. Entre los cerros multicolores se puede distinguir lo que fuera el antiguo Camino del Inca, que conducía a la localidad chilena de Copiapó.

Antes de llegar a Tinogasta, se puede conocer los pueblos agrícolas Copacabana y La Puntilla, donde se encuentran residencias de estilo neoclásico, con amplios jardines y galería central, algunas con imágenes religiosas antiquísimas.
Hay que conocer a las tejedoras artesanales que elaboran en sus telares hermosas colchas bordadas con flores de colores vivaces.

Al fin aparece Tinogasta, una de las localidades más conocidas del oeste de Catamarca, rodeada de olivares, viñedos, árboles frutales, y desde donde se puede hacer la llamada “Ruta del Adobe” (un circuito que recorre una serie de edificios de varios siglos de antigüedad, construidos con madera y adobe).

Luego, son 55 kilómetros donde se llega a los pueblos de El Puesto, La Falda, Anillaco y se llega al pueblo de Fiambalá. Esta localidad es conocida por sus aguas termales, las empanadas de carne, el locro, el buen vino, junto a olivares y deleitados por el ritmo del folklore.

En Fiambalá se encuentra gran parte del patrimonio arqueológico del Norte Argentino.

En el Museo del Hombre, se puede ver los cuerpos momificados de un hombre y una mujer, con su ajuar funerario, de más de 500 años de antigüedad, que fueron hallados en los alrededores de Loro Huasi, un pueblo cercano.
También, se pueden conocer los viñedos, y degustar estos ricos vinos de altura.

Las aguas de las termas de Fiambalá, se encuentran a 1.750 metros sobre el nivel del mar y se concentran en 14 piletas de piedra cordillerana con temperaturas que varían entre los 28 y 51 grados centígrados.

El camino continua por la Ruta 60, donde se empieza a apreciar las diferentes tonalidades y la variación de texturas de los desiertos de altura, hasta llegar a la zona de los volcanes, donde el paisaje sorprende con grandes médanos de arena blanca.

Entonces, podemos ver el volcán Pissis, que es el volcán inactivo más alto del mundo y luego el volcán Ojos del Salado, con 6.864 metros de altura, es el volcán activo más alto del planeta, que tiene nieves y los glaciares eternos.
En el interior de este volcán activo, se pueden apreciar fumarolas, que dan muestra de la actividad volcánica.

Pronto asoman varios de los más importantes “seismiles”, como el cerro de los Patos, el Tres Cruces, el Walter Penck (de difícil acceso).

El que mejor se ve desde la ruta, es el Incahuasi, donde se encontró una estatuilla de un ajuar funerario indígena.

Siguiendo, nos encontramos con las Salinas de la Laguna Verde, que parece un mar esmeralda en medio del desierto, donde habitan flamencos rosados.


Ver el original en: La ruta de los volcanes, los seismiles.
Más información de Catamarca en turismonorteargentino.com.

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