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Publicado: 13/02/2011
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El parque volcánico La Payunia, está ubicado al sur de la provincia de Mendoza, a 180 kms de la ciudad de Malargüe.

Abarca un area de 450 mil hectáreas donde hay 800 conos volcánicos, arenales negros, colinas de origen ferroso, inmensos cráteres y extensos ríos de lava y escoriales, lo que con el viento como única fuente de sonido puede asemejarse al génesis o a un mundo en extinción.

Tiene la mayor concentración de volcanes en el mundo, hay una densidad de 10,6 volcanes cada 100 kms2, y está postulado a ser declarado Patrimonio Natural de la Humanidad por la Unesco.

Con un paisaje desértico, de variados tonos opacos, se asemeja a un planeta perdido de ciencia ficción, y se accede por la Ruta 40.

La Reserva Provincial La Payunia es un extenso desierto de arena y piedras, con valles y colinas en los que predominan los ocres, rojos, azules y negros, con conos volcánicos y lava derramada que se pueden ver hasta cualquier punto del horizonte.

Al ingresar al parque, se ven varios volcanes menores en un relieve de baja dificultad para el trekking, luego se dificulta, cuando el suelo se hace áspero y se llega a las Pampas Negras, un arenal oscuro, de lava erosionada y desparramada por el fuerte viento, formado por la erupción de los dos Morados.

La negritud de ese manto de finos granos negros llamados “lapilli” brilla hasta encandilar bajo el sol, pero cuando el cielo se nubla genera una noche diurna en la que todo es sombrío y opaco.

Todo en el parque es resultado de una intensa actividad volcánica que inundó de lava los amplios y sinuosos valles, de la cual quedan sus cráteres, los farallones que bordean al río Grande, las Pampas Negras y los escoriales y coladas de las erupciones.

Los volcanes de esta reserva están apagados desde hace milenios sin posibilidades de erupción y entre ellos se destacan los dos más altos: El Payún Liso y el Payún Matru, de los que deriva el nombre del lugar, que cuentan con 3.838 metros y 3.715, respectivamente.

La típica forma cónica del Liso, con su pico cortado por el cráter, hacen que parezca mucho más alto que el Matru de lo que es en realidad, y lo hace visible desde cualquier punto del parque y aun desde afuera del mismo.

De hecho, una de las típicas postales del parque la conforman el Payún Liso visto desde los cerros Pintura, unas elevaciones menores con laderas cruzadas por franjas de minerales rojos, ocres y negros, como grandes pinceladas, a las que se suma el amarillo de los coirones.

El Payún Matru está rodeado de unos pintorescos volcanes más bajos llamados “Adventicios” y su caldera tiene unos nueve kilómetros de diámetro, ya que al erupcionar colapsó sobre sí mismo y en su interior se formó una laguna de aguas quietas y transparentes de fondo negro e impreciso.

En el norte está el "campo de las bombas", unas grandes esferas que fueron magma disparado en las erupciones, que luego se apagó y endureció antes de estrellarse o durante su rodada. Algunas de estas esferas tienen un "peinado" o lampazo generado por la fricción durante su efímero vuelo de bolas de fuego.

El Escorial de la Media Luna o La Herradura del volcán Santa María es el mayor de La Payunia y se formó cuando este volcán vertió todo su magma sobre el valle y formó una colada semicircular de casi 18 kilómetros de longitud, que se puede admirar en toda su extensión desde la cima del Payún Matru.

Más al norte, tras vencer una pendiente muy pronunciada de ripio rojo oscuro, se llega al cráter de uno de los Morados, cuyos bordes perdieron filo con la erosión y semeja una abrupta depresión sobre la cima. Durante la erupción, una de las paredes del cráter se abrió y por allí fluyó el magma que ahora, convertido en lava y visto desde la cúspide, parece un negro río de piedra.

La única forma autorizada para recorrer el parque, declarado Reserva Total provincial en el año 1988, es con un guía autorizado, tanto para preservar el ambiente como para seguridad de los visitantes, ya que no hay infraestructura vial en su interior, sino una compleja telaraña de huellas que sólo los baqueanos saben transitar.

El tiempo mínimo requerido para conocerla es unas 12 horas -son más de 400 kilómetros, incluido el tramo desde Malargüe- que pueden extenderse a un día o más si se incluyen trepadas a las bocas de los volcanes más altos y el ingreso a los cráteres. También se pueden contratar excursiones con campamento y cabalgatas nocturnas.


Más información de Mendoza y de Malargüe.

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