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Publicado en 29/05/2011 Fuente: Página 12 Turismo |
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La Compañía de Jesús llegó a Córdoba en 1559 y permaneció hasta 1767, cuando fue expulsada por Carlos III de España. En ese lapso, Córdoba fue capital de la provincia jesuítica del Paraguay, que incluía territorios de la Argentina, Uruguay, Paraguay, Chile, Brasil y Bolivia. Los jesuitas fundaron el Colegio Máximo en 1610, la Universidad en 1622, el Colegio Convictorio de Nuestra Señora de Monserrat en 1687 y el Noviciado en 1705.
Para asegurar el sustento económico de estos emprendimientos organizaron a su vez un sistema de estancias: Colonia Caroya, Jesús María, Santa Catalina, La Candelaria y San Ignacio. En el año 2000 este conjunto –a excepción de San Ignacio y junto con la Manzana Jesuítica en la ciudad de Córdoba– fue reconocido como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.
Luego de recorrer 50 kilómetros hacia el norte desde la capital cordobesa por la RN 9, llegamos a la Estancia Caroya. “La riqueza de esta casa con respecto a las otras es que tuvo relación con los procesos históricos más importantes del país: la época de la colonia, la independencia, y la inmigración”, apunta Claudio Videla, director del Museo Provincial Casa Histórica de Caroya.
Su construcción comenzó en 1616; la fecha la convierte en la primera de todas las estancias jesuíticas. En 1661 el lugar fue adquirido por el presbítero Ignacio Duarte Quirós, que fundó el Colegio Monserrat. La estancia fue el sostén del establecimiento gracias a su producción agrícola ganadera, y funcionó como residencia de vacaciones para sus estudiantes. En 1767, con los jesuitas ya expulsados, Caroya pasó a manos de los franciscanos. Entre 1814 y 1816 se estableció la primera fábrica de armas blancas del país, por sugerencia de San Martín y Belgrano. En 1854 pasó a manos del Estado Nacional y funcionó como correo postal, sobre todo en la época de la Guerra de las Confederaciones. Y en 1878 el gobierno la cedió como residencia inicial a los primeros inmigrantes friulanos en el país.
“Creemos que por haber sido la primera, fue un poco experimental”, continúa Videla. Construirla llevó alrededor de 80 años. Para los trabajos pesados, se valieron de la fuerza de los esclavos negros comprados en los puertos de Asunción y Buenos Aires. “Los jesuitas tuvieron un trato muy especial con los indígenas, hasta presentaron propuestas para un trato diferente, situación que les trajo problemas con la autoridad española. En cambio a los negros ni los evangelizaban, los consideraban patrimonio y no personas.”
Fuente: Página 12 Turismo
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